EN ESPERA DEL VEREDICTO
El juicio a la
escuela contempla toda una gama de factores que sería muy irresponsable dejar
de considerar a alguno. En América Latina los sistemas educativos han sido
aplicados de acuerdo a las potencias colonizadoras desde hace más de 500 años.
Durante el transcurrir del tiempo cada liberación de la esclavitud y de los
yugos ha sido por la aspiración a una soberanía que “nos haría autónomos” pero
la realidad es que dependíamos del modelaje para poder estructurarnos.
La dominación produjo
tanta pobreza cognitiva que nuestros propios libertadores eran de élites
sociales acostumbrados a tenerlo todo y conocedores de los imperios, lectores
de las grandes obras literarias y que con discursos elocuentes lograban la
manipulación de la población. Claro, de no haber sido así, no se hubiese
logrado la apropiación del sentir patrio. Lo cierto, es que el grueso existente
era pobre; clasificados en tantos subgrupos sociales que se mantenía la
segregación del pensamiento.
Observar, por
ejemplo, la distribución de los pupitres o mesas de trabajo en las aulas, uno
detrás del otro, suponiendo una posición de rezagado para el que queda atrás y
elevando un poder competitivo para el que va adelante en donde se refuerza un
desarrollo del pensamiento egocéntrico, individualista, egoísta y mezquino,
motivado por la sobrevivencia laboral en pro de un supuesto conocimiento que
empodera. Lo próximo anterior debe llevarnos a reflexionar también respecto al
modo de formar para el acto cívico o la entrada al salón de clases; ambas
formaciones representan columnas, disposiciones totalmente doctrinarias y de
adiestramiento más que educacionales.
El uniforme escolar
representa la autoría o, peor aún, el “endueñamiento”
de un producto más que la identificación institucional de un estudiante.
Recordemos que en el inicio de la academia y el liceo no existía el uniforme.
Fue luego que aparece para medir competitivamente capacidades en la formación y
no habilidades y destrezas cognitivas desarrolladas en la persona, no convenía,
y de algún modo sigue siendo, en relación a la mano de obra, la conciencia y
reflexión sobre lo que se sabe, en otras palabras, no conviene que el aprendiz
se apropie del conocimiento.
Criticamos el modo
educacional vigente desde hace 200 años, al docente del siglo XX que está
desfasado respeto a las exigencias del estudiantado del siglo XXI pero seguimos
observando a los líderes políticos y sociales que cada vez que se dirigen al
pueblo están en un podio más elevado; seguimos observando que los recintos
gubernamentales de espectro global tienen plataformas elevadas para poderse
dirigir a los líderes del mundo. La supremacía del poder no dejará de ensanchar
sus cauces para poder erguir mucho más su barbilla y mirar con indiferencia.
es realmente impresionante observar y escuchar formadores que acentúan su exigencia en el porte de la prenda como si éste fuera requisito de aprendizaje. ¿Se entenderá como elemento de unidad o de uniformidad?
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