FORMACIÓN
PERMANENTE DEL DOCENTE: DESAFÍO EN LA EDUCACIÓN DEL SIGLO XXI
La creencia existente de muchos
profesionales no docentes respecto a que la Educación es la carrera más fácil
que hay y que muchos docentes incursionamos en este oficio por no haber quedado
en las primeras opciones de ingreso universitario es la consecuencia de
subjetivismos y empirismos abundantes en desconocimientos e individualidades
que se van formando y arrastrando, inclusive, por repetición. Si bien es cierto
que muchos intentamos ingresar en otras carreras también es cierto que no lo
logramos, bien sea, por la burocracia y meritocracia para los cupos, porque
definitivamente carecíamos del perfil y era más un capricho particular o de los
padres; pero también es cierto que nuestra juventud venezolana, adolescencia en
sí, entre la edad de 16 a 20 años, no sabe qué hacer con su vida, que una de
las causas de la deserción universitaria es que los niveles educativos previos
siguen ejerciendo la acción depositaria de contenidos truncando el desarrollo
del carácter reflexivo en el joven incapacitándolo para la toma de decisiones futuristas
y la formulación de proyectos “factibles” para su propio porvenir.
La utopía de la experimentación en
educación inicial de aquella presentación del niño o niña en relación a lo que
qué quiere ser cuando sea grande se queda en la efímera inocencia del párvulo y
en la emoción momentánea de los padres. Se respeta la inocencia de los niños,
pero no sabría si aplaudir o no la inducción a que ¿se debe ser alguien en la
vida? O a que ¿debes escoger un oficio para poder ser productivo en la sociedad?
Se está consciente, desde la fe, que ya se es alguien desde la concepción. La
diferencia entre la escuela tradicional y la escuela nueva respecto a tener un
oficio para generar producción es que en la primera se formaba obligatoriamente
para un oficio en específico y, en la segunda se supone que se le da al
estudiante variabilidad de escogencia pero, mejor aún, debería dársele las
herramientas para que cuando escojan lo hagan desde un punto de vista consiente,
crítico y reflexivo. Simón Rodríguez logró estos tres criterios en su escuela
de atención individual; recordemos también las etapas de desarrollo de Piaget
donde vincula la inteligencia con la infancia; Dewey establece el desarrollo de
formas autónomas, dinámicas y creadoras del pensamiento; Vigotsky y su
aprendizaje sociocultural y las zonas de desarrollo próximo. Estos cuatro
personajes prenombrados tienen en común su aporte a una educación crítica y
reflexiva, todos con referencias epocales distintas y particularidades
contextuales diferentes.
Ciertamente
la escuela nueva refiere al estudiante como centro del proceso educativo pero no
invita al olvido del docente. Desde mi apreciación, el hecho de que el estudiante
sea el centro nos debe hacer el llamado a mejorar nuestra praxis intentando
conservar el modelaje de axiomas manteniendo nuestra prestancia como
profesionales de la educación más no como lo ha hecho explícito nuestro sistema
educativo que cercena la iniciativa y creatividad de nuestros docentes. Sumémosle a este
desafío algunos factores que implican la escuela social de Dewey y Vygotsky.
Dewey establece que la primera formación social que recibe el niño es la
familia y posteriormente es la escuela quien debe continuarla; por su parte,
Vigotsky considera a un sujeto activo que construye su propio aprendizaje a
partir del estímulo del medio social. Ambos pensadores nos abren las puertas
para considerar la actualización permanente de nuestra formación, todo sociedad
evoluciona, tanto en la familia como en el entorno social general hay factores
externos que intervienen en el crecimiento cognitivo de todo ente. Las formas
de pensar fluctúan por la intervención de modernismos esencialmente
tecnológicos que ponen a la disposición real e inmediata todo y cualquier tipo
de conocimiento presentándose situaciones de controversias respecto a la
calidad de Docentes que tienen los estudiantes al frente no tanto por la
metodología de enseñanza sino por el dominio de contenidos y su nivel de
profundidad.
Debemos
tener presente siempre la humildad en la sapiencia, reconocer que en el proceso
dinámico de enseñanza – aprendizaje tanto docentes como discentes aprendemos
unos de otros simultáneamente. La escuela vieja o tradicional se conserva sobre
todo para resguardar la disciplina y el orden y precisamente al momento de
instruir; intentar crear o desarrollar un hábito en el alumno implica adiestrar
que va inmerso en la escuela tradicional, sin embargo, hacer que el estudiante
se convenza de su potencialidad cognitiva, sea autoreflexivo para que pueda ser
crítico respetando la variabilidad de conocimientos y siendo tolerante a la
diversidad de pensamiento y que compare las diferencias de valoración que
puedan haber sobre los valores depende de nuestras posturas en relación a la
aplicabilidad de las tendencias que nos presenta la escuela nueva.
No
se trata sólo de paradigmas y tendencias, nosotros, profesionales de la
docencia, también somos afectados por factores internos y externos que regulan
nuestro actuar ante el compromiso de esta ardua labor. En el inicio del texto,
por ejemplo, hacía acotación a la opinión de otros profesionales respecto al
trabajo docente, la pregunta es ¿sabrán ellos por qué la legislación nos establece
sólo 25 años de servicio y no 30? Otra interrogante sería ¿saben por qué se ha
ido disminuyendo gradualmente la cantidad de estudiantes por aula? Y, en
función de las dos previas incógnitas ¿sabrán que se estudia la posibilidad de
seguir disminuyendo tanto los años de servicio como la cantidad de estudiantes
en el salón de clases? Bien, a manera de respuesta y soportándome en datos del
Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación (IPASME)
en las juntas médicas de los últimos cinco (5) años los docentes comienzan a
presentar rasgos de incapacidad psicológica por su labor a partir de los 18
años de servicio, cuando aún les faltan siete, si no más, de trabajo para gozar
de su beneficio de jubilación.
Las
condiciones del trabajo docente radican en la atención permanente y contante de
individualidades de elementos cognoscentes que presentan características
ineludibles de su entorno social y familiar. Incorporémosle a esto las
exigencias que el sistema educativo a través de sus órganos regionales y
locales hace a los maestros por medio de la coacción, en la mayoría de los
casos; las condiciones de logística, infraestructura, de alimentación, de
ubicación geográfica y, dentro de las más importantes el bajo compromiso de formación
permanente que el mismo sistema tiene para con sus profesionales. Entre éstos,
podríamos que están nombrados algunos de los factores externos.
La
ganancia a este oficio definitivamente tiene que ver con la valentía de quienes
permanecemos en él. Sin embargo, debemos ser conscientes que el éxito
profesional se hace presente con el grado de identificación y dedicación que se
tiene con la labor, mientras más ganado estoy más empeño e interés muestro, mi
vocación es más plena, mi permanencia es más placentera. Dentro de los factores
internos están definitivamente todos los que tienen que ver con las decisiones
personales que se hagan en función del trabajo, si se piensa que toda la
solución la tiene papá gobierno y sólo me cruzo de brazos, si me dejo agobiar
por las circunstancias que acarrean la situación actual, que tiene un nivel de
afección gigante y que verdaderamente afecta, es posible que baje el entusiasmo
y por supuesto se siente agredida la dignidad.
Somos
quienes decidimos abrir el abanico del crecimiento personal y profesional,
somos quienes decidimos acrecentar los conocimientos y somos quienes decidimos
sumarnos o no a la lucha del progreso de esta inmensa nación llamad Venezuela.
Batallar contra la centralización del sistema educativo desde un punto de vista
ideológico, irlo llevando poco a poco a su propia autoreflexión es un trabajo
de hormiguita que requiere de organización e identificación. Somos nosotros los
docentes de aula los que creamos ideas, los que guiamos potencialidades, los que
desarrollamos habilidades y destrezas en nuestros estudiantes para hacerlos más
capaces para sí mismos y para la sociedad; los que tenemos el compromiso de
reconocer lo que nos hace falta para seguir aportando, para seguir educando.
Ciertamente la vocación es algo que va de la mano con la dignidad, este balance
debe ser cautelosamente cuidado y protegido sobre todo ante esta crisis general
por la que pasa nuestro país. Somos padres y somos hijos, somos hermanos y
somos amigos; mantengamos nuestra esencia humanitaria dentro de la escuela
nueva y nuestra rigurosidad ante el alumno que piense quedarse atrás o sólo
decida burlarse de nuestro quehacer.
con esta óptica, somos responsables (docente - alumno) de nuestro proceso de enseñanza y de aprendizaje y en ese intercambio buscamos el equilibrio para que ambas partes ganen, pero sería altamente reconfortante incorporar la participación activa de nuestra gerencia inmediata, la dirección.
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