miércoles, 14 de febrero de 2018


FORMACIÓN PERMANENTE DEL DOCENTE: DESAFÍO EN LA EDUCACIÓN DEL SIGLO XXI

            La creencia existente de muchos profesionales no docentes respecto a que la Educación es la carrera más fácil que hay y que muchos docentes incursionamos en este oficio por no haber quedado en las primeras opciones de ingreso universitario es la consecuencia de subjetivismos y empirismos abundantes en desconocimientos e individualidades que se van formando y arrastrando, inclusive, por repetición. Si bien es cierto que muchos intentamos ingresar en otras carreras también es cierto que no lo logramos, bien sea, por la burocracia y meritocracia para los cupos, porque definitivamente carecíamos del perfil y era más un capricho particular o de los padres; pero también es cierto que nuestra juventud venezolana, adolescencia en sí, entre la edad de 16 a 20 años, no sabe qué hacer con su vida, que una de las causas de la deserción universitaria es que los niveles educativos previos siguen ejerciendo la acción depositaria de contenidos truncando el desarrollo del carácter reflexivo en el joven incapacitándolo para la toma de decisiones futuristas y la formulación de proyectos “factibles” para su propio porvenir.

            La utopía de la experimentación en educación inicial de aquella presentación del niño o niña en relación a lo que qué quiere ser cuando sea grande se queda en la efímera inocencia del párvulo y en la emoción momentánea de los padres. Se respeta la inocencia de los niños, pero no sabría si aplaudir o no la inducción a que ¿se debe ser alguien en la vida? O a que ¿debes escoger un oficio para poder ser productivo en la sociedad? Se está consciente, desde la fe, que ya se es alguien desde la concepción. La diferencia entre la escuela tradicional y la escuela nueva respecto a tener un oficio para generar producción es que en la primera se formaba obligatoriamente para un oficio en específico y, en la segunda se supone que se le da al estudiante variabilidad de escogencia pero, mejor aún, debería dársele las herramientas para que cuando escojan lo hagan desde un punto de vista consiente, crítico y reflexivo. Simón Rodríguez logró estos tres criterios en su escuela de atención individual; recordemos también las etapas de desarrollo de Piaget donde vincula la inteligencia con la infancia; Dewey establece el desarrollo de formas autónomas, dinámicas y creadoras del pensamiento; Vigotsky y su aprendizaje sociocultural y las zonas de desarrollo próximo. Estos cuatro personajes prenombrados tienen en común su aporte a una educación crítica y reflexiva, todos con referencias epocales distintas y particularidades contextuales diferentes.

Ciertamente la escuela nueva refiere al estudiante como centro del proceso educativo pero no invita al olvido del docente. Desde mi apreciación, el hecho de que el estudiante sea el centro nos debe hacer el llamado a mejorar nuestra praxis intentando conservar el modelaje de axiomas manteniendo nuestra prestancia como profesionales de la educación más no como lo ha hecho explícito nuestro sistema educativo que cercena la iniciativa y creatividad  de nuestros docentes. Sumémosle a este desafío algunos factores que implican la escuela social de Dewey y Vygotsky. Dewey establece que la primera formación social que recibe el niño es la familia y posteriormente es la escuela quien debe continuarla; por su parte, Vigotsky considera a un sujeto activo que construye su propio aprendizaje a partir del estímulo del medio social. Ambos pensadores nos abren las puertas para considerar la actualización permanente de nuestra formación, todo sociedad evoluciona, tanto en la familia como en el entorno social general hay factores externos que intervienen en el crecimiento cognitivo de todo ente. Las formas de pensar fluctúan por la intervención de modernismos esencialmente tecnológicos que ponen a la disposición real e inmediata todo y cualquier tipo de conocimiento presentándose situaciones de controversias respecto a la calidad de Docentes que tienen los estudiantes al frente no tanto por la metodología de enseñanza sino por el dominio de contenidos y su nivel de profundidad.

Debemos tener presente siempre la humildad en la sapiencia, reconocer que en el proceso dinámico de enseñanza – aprendizaje tanto docentes como discentes aprendemos unos de otros simultáneamente. La escuela vieja o tradicional se conserva sobre todo para resguardar la disciplina y el orden y precisamente al momento de instruir; intentar crear o desarrollar un hábito en el alumno implica adiestrar que va inmerso en la escuela tradicional, sin embargo, hacer que el estudiante se convenza de su potencialidad cognitiva, sea autoreflexivo para que pueda ser crítico respetando la variabilidad de conocimientos y siendo tolerante a la diversidad de pensamiento y que compare las diferencias de valoración que puedan haber sobre los valores depende de nuestras posturas en relación a la aplicabilidad de las tendencias que nos presenta la escuela nueva.

No se trata sólo de paradigmas y tendencias, nosotros, profesionales de la docencia, también somos afectados por factores internos y externos que regulan nuestro actuar ante el compromiso de esta ardua labor. En el inicio del texto, por ejemplo, hacía acotación a la opinión de otros profesionales respecto al trabajo docente, la pregunta es ¿sabrán ellos por qué la legislación nos establece sólo 25 años de servicio y no 30? Otra interrogante sería ¿saben por qué se ha ido disminuyendo gradualmente la cantidad de estudiantes por aula? Y, en función de las dos previas incógnitas ¿sabrán que se estudia la posibilidad de seguir disminuyendo tanto los años de servicio como la cantidad de estudiantes en el salón de clases? Bien, a manera de respuesta y soportándome en datos del Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación (IPASME) en las juntas médicas de los últimos cinco (5) años los docentes comienzan a presentar rasgos de incapacidad psicológica por su labor a partir de los 18 años de servicio, cuando aún les faltan siete, si no más, de trabajo para gozar de su beneficio de jubilación.

Las condiciones del trabajo docente radican en la atención permanente y contante de individualidades de elementos cognoscentes que presentan características ineludibles de su entorno social y familiar. Incorporémosle a esto las exigencias que el sistema educativo a través de sus órganos regionales y locales hace a los maestros por medio de la coacción, en la mayoría de los casos; las condiciones de logística, infraestructura, de alimentación, de ubicación geográfica y, dentro de las más importantes el bajo compromiso de formación permanente que el mismo sistema tiene para con sus profesionales. Entre éstos, podríamos que están nombrados algunos de los factores externos.
La ganancia a este oficio definitivamente tiene que ver con la valentía de quienes permanecemos en él. Sin embargo, debemos ser conscientes que el éxito profesional se hace presente con el grado de identificación y dedicación que se tiene con la labor, mientras más ganado estoy más empeño e interés muestro, mi vocación es más plena, mi permanencia es más placentera. Dentro de los factores internos están definitivamente todos los que tienen que ver con las decisiones personales que se hagan en función del trabajo, si se piensa que toda la solución la tiene papá gobierno y sólo me cruzo de brazos, si me dejo agobiar por las circunstancias que acarrean la situación actual, que tiene un nivel de afección gigante y que verdaderamente afecta, es posible que baje el entusiasmo y por supuesto se siente agredida la dignidad.

Somos quienes decidimos abrir el abanico del crecimiento personal y profesional, somos quienes decidimos acrecentar los conocimientos y somos quienes decidimos sumarnos o no a la lucha del progreso de esta inmensa nación llamad Venezuela. Batallar contra la centralización del sistema educativo desde un punto de vista ideológico, irlo llevando poco a poco a su propia autoreflexión es un trabajo de hormiguita que requiere de organización e identificación. Somos nosotros los docentes de aula los que creamos ideas, los que guiamos potencialidades, los que desarrollamos habilidades y destrezas en nuestros estudiantes para hacerlos más capaces para sí mismos y para la sociedad; los que tenemos el compromiso de reconocer lo que nos hace falta para seguir aportando, para seguir educando. Ciertamente la vocación es algo que va de la mano con la dignidad, este balance debe ser cautelosamente cuidado y protegido sobre todo ante esta crisis general por la que pasa nuestro país. Somos padres y somos hijos, somos hermanos y somos amigos; mantengamos nuestra esencia humanitaria dentro de la escuela nueva y nuestra rigurosidad ante el alumno que piense quedarse atrás o sólo decida burlarse de nuestro quehacer.




1 comentario:

  1. con esta óptica, somos responsables (docente - alumno) de nuestro proceso de enseñanza y de aprendizaje y en ese intercambio buscamos el equilibrio para que ambas partes ganen, pero sería altamente reconfortante incorporar la participación activa de nuestra gerencia inmediata, la dirección.

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