miércoles, 7 de febrero de 2018

EN ESPERA DEL VEREDICTO

El juicio a la escuela contempla toda una gama de factores que sería muy irresponsable dejar de considerar a alguno. En América Latina los sistemas educativos han sido aplicados de acuerdo a las potencias colonizadoras desde hace más de 500 años. Durante el transcurrir del tiempo cada liberación de la esclavitud y de los yugos ha sido por la aspiración a una soberanía que “nos haría autónomos” pero la realidad es que dependíamos del modelaje para poder estructurarnos.

La dominación produjo tanta pobreza cognitiva que nuestros propios libertadores eran de élites sociales acostumbrados a tenerlo todo y conocedores de los imperios, lectores de las grandes obras literarias y que con discursos elocuentes lograban la manipulación de la población. Claro, de no haber sido así, no se hubiese logrado la apropiación del sentir patrio. Lo cierto, es que el grueso existente era pobre; clasificados en tantos subgrupos sociales que se mantenía la segregación del pensamiento.

Observar, por ejemplo, la distribución de los pupitres o mesas de trabajo en las aulas, uno detrás del otro, suponiendo una posición de rezagado para el que queda atrás y elevando un poder competitivo para el que va adelante en donde se refuerza un desarrollo del pensamiento egocéntrico, individualista, egoísta y mezquino, motivado por la sobrevivencia laboral en pro de un supuesto conocimiento que empodera. Lo próximo anterior debe llevarnos a reflexionar también respecto al modo de formar para el acto cívico o la entrada al salón de clases; ambas formaciones representan columnas, disposiciones totalmente doctrinarias y de adiestramiento más que educacionales.

El uniforme escolar representa la autoría o, peor aún,  el “endueñamiento” de un producto más que la identificación institucional de un estudiante. Recordemos que en el inicio de la academia y el liceo no existía el uniforme. Fue luego que aparece para medir competitivamente capacidades en la formación y no habilidades y destrezas cognitivas desarrolladas en la persona, no convenía, y de algún modo sigue siendo, en relación a la mano de obra, la conciencia y reflexión sobre lo que se sabe, en otras palabras, no conviene que el aprendiz se apropie del conocimiento.

Criticamos el modo educacional vigente desde hace 200 años, al docente del siglo XX que está desfasado respeto a las exigencias del estudiantado del siglo XXI pero seguimos observando a los líderes políticos y sociales que cada vez que se dirigen al pueblo están en un podio más elevado; seguimos observando que los recintos gubernamentales de espectro global tienen plataformas elevadas para poderse dirigir a los líderes del mundo. La supremacía del poder no dejará de ensanchar sus cauces para poder erguir mucho más su barbilla y mirar con indiferencia.






1 comentario:

  1. es realmente impresionante observar y escuchar formadores que acentúan su exigencia en el porte de la prenda como si éste fuera requisito de aprendizaje. ¿Se entenderá como elemento de unidad o de uniformidad?

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