El planteamiento del Padre Alexander es muy pertinente en cuanto expresa
la necesidad de construir verdaderas políticas educativas que permitan el
desarrollo intelectual y humano de los individuos pero pareciera desgraciadamente
que el signo de la modernidad coloca el progreso personal e individual por sobre el colectivo, sin duda que el desarrollar este tipo de educación
lo que hace es ahondar las diferencias entre formar desde el corazón sin
manipular a nuestros semejantes. Ciertamente desde nuestra trinchera convirtámonos
en agentes de cambio que permitan generar verdaderos cambios en nuestros
espacios de trabajo.
Acotaría a lo expuesto por Jackeline, que el papel del docente para esta nueva transformación escolar debe ser de un facilitador con características especiales para un currículo centrado en el desarrollo de las competencias de procesos intelectuales en su formación profesional y con profundo conocimiento del ámbito social, local y nacional, que coadyuven a su emancipación y la del colectivo. No esta de más señalar, la necesaria y activa participación de todos los entes intervinientes en el proceso académico.
ResponderBorrareste proceso de transformación implica, a su vez, revisión y renovación de los programas de formación docente de nuestras universidades con el propósito de establecer las estructuras macros que propicien y establezcan las bases para los cambios.
ResponderBorraresta estructuración debe, a su vez estar sustentada por las políticas de estado en relación a su necesidades reales de formación profesional, de convivencia y de soberanía.
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